jueves, marzo 15, 2007

Megatokyo

Soy un friki. Lo admito. Pero un friki entre los frikis, ya que estoy en el Japón y no he ido aún a ningún meido-café, no he ido a ver ningún anime en el cine, ni me interesa comprar manga. No, no he jugado a hacer cosplay, no he he hecho cola para entrar al museo Ghibli, ni he ido a ningún concierto de Morning Musume. No tengo muñequitos de Bandai, no me muero por comprar la colección completa de videos de Robotech, ni tengo los nueve tomos de Candy Candy. En fin, soy tan normal, que eso me convierte, automáticamente, en un friki.

Y no. Los dibujos animados de mi niñez no cuentan. ¡Ellos no eran anime! ¡Eran di-bu-jos-a-ni-ma-dos! Meteoro, Astro Boy, Kimba, Capitán Futuro y La Abeja Maya no cuentan como anime. No importa que hayan sido japoneses (De eso me enteré luego). Y sí, lo sé, soy tan viejo que ya era "grande" cuando pasaban Robotech, Mazinger Z, Dragon Ball Z, Pokémon, y Los Caballeros del Zodíaco por la tele.

Recuerdo el primer anime que vi sabiendo que era anime: Rurouni Kenshin. Hasta ese momento yo había vivido convencido de que los dibujos animados eran cosa de niños, y fue esta película la que me abrió los ojos (No confundir con la serie que pasaron por la TV, traducida como Samurai X). Una historia de amor muy interesante, oscura e intensa, que narra como Rurouni adquirió la cicatriz en forma de X que tiene en el rostro. Pero de eso hace ya taaaaaanto tiempo...

Los últimos meses los tuve muy ocupados. Mi pobre cerebro fue exprimido como hacía mucho tiempo (quedó como limón de emolientero). Pero un cerebro trabajando a 250 kph (no, a 100 por hora funcionan los cerebros en Lima; el mío va en Autobahn) requiere un radiador lleno de agua que lo refresque y le baje la temperatura...

¡Y fue así como terminé leyendo manga!

(Y no se me emocionen tan rápido, que el manga que me puse a leer no es japonés, sino estadounidense)

¿Confundidos? Yo también lo estuve. Un buen día, necesitando refrigerar el cerebro, me puse a repasar los archivos de uno de mis blogs favoritos (un delicioso blog de comics absolutamente nerds) y me encontré con este post que no entendí. "Nuestro protagonista finalmente acepta su amor por una chica que es a su vez un accesorio de una consola de videojuegos..." ¿Eh? ¿Se supone que eso es gracioso? Me reí un rato con el alto que le hacen a la parodia (mencionando que el autor de Megatokyo se puede resentir), y decidí hurgar un poco más en el tema. Y hurgué, y hurgué, y hurgué. Entre muchas otras cosas conocí Megatokyo, aprendí un poco sobre el mundo de los manga, entendí más o menos cómo es que funciona el negocio de revistas -> manga -> anime -> película en el Japón, me contaron sobre los más famosos mangas en este país, pregunté sobre los distintos estilos de manga, visité pisos y pisos de librerías dedicadas a la venta de estos productos..., en fin, abrí los ojos a un mundo que, si bien sabía que existía, había simplemente decidido dejar ignorar hasta entonces. Hasta ahora.

Es gracioso, siento que estoy descubriendo la rueda. O la pólvora. Debo ser el último ser en este planeta (por lo menos en este país) en enterarse de todo esto. Pero, ¿saben qué?, me dí el gusto de descubrirlo yo mismo, y eso me gusta.

¿Y Megatokyo? Pues Megatokyo es un interesante experimento, hijo de dos personas que apenas se conocían, pero que compartían pasión por los comics: Fred "Piro" Gallagher y Rodney "Largo" Caston. Uno, arquitecto de día, artista frustrado de noche, el otro, ingeniero de sistemas de día, otaku de noche. Un buen día, fruto de una sesión de chat, decidieron crear una página web con un comic interdiario en un dominio que tenían aparcado. Y así nació Megatokyo: las aventuras de Piro y Largo, dos otakus estadounidenses que un buen día, por esas cosas del destino (¡hey!, ¿no es acaso así como sucede en el mundo real?) tomaron un avión y terminaron en Tokio, sin dinero para regresar...

Durante los primeros meses Megatokyo no fue más que un comic que se burlaba de los otakus y de la cultura del videojuego, sin mucha más línea argumental que la de una serie de televisión, con cada capítulo cerrando su propia historia. Pero con el tiempo la cosa mejoró y la historia comenzó a ponerse interesante, tanto, que ha sido publicada en edición impresa (manga) y está a la venta en Amazon. Lo interesante es que todas las páginas siguen estando en internet, y que puedes leerla de cabo a rabo sin tener que comprarla.

Si deciden darle una oportunidad a Megatokyo, lean el capítulo 1 completo, desde la página 1 hasta la 195. Las primeras páginas son las menos interesantes (no por eso menos graciosas), pero la historia comienza a tomar forma hacia el final. Les prometo que si no quedan enganchados para entonces, el resto de Megatokyo no les va a gustar más, pero si terminan y no pueden esperar a comenzar el capítulo 2, pues entonces recorrerán las 974 páginas publicadas hasta hoy en menos tiempo del que le tomó a Robert Langdon decodificar el Código Da Vinci.



Pssst: para quienes tengan problemas con el inglés, hay una versión de Megatokyo en español...

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