domingo, junio 19, 2005

Paraíso chelero

No hace mucho me enteré, gracias a Super Size Me, que en Estados Unidos existen casi un millón de máquinas expendedoras (de bebidas gaseosas, bocadillos y demás), y que este hecho es definido como uno de los motivos de la alta tasa de obesidad en los norteamericanos. Pues bien, Japón lidera el ranking con cuatro y medio millones de máquinas (¡¿¡¿!?!?), y no por eso está a la cabeza de la lista de obesidad mundial. Algo diferente debe ocurrir aquí.

En efecto, en Japón las personas tienen un comportamiento completamente diferente frente a los excesos (beben bastante, pero no se intoxican tanto como nosotros), y por ello el hecho que existan máquinas expendedoras de cerveza (sí, leyeron bien, de cerveza) no hace de éste un país de alcohólicos...



Me pregunto, ¿cómo sería Lima si pudiésemos encontrar estos aparatos en cada esquina? ¿Qué pasaría si cualquier niño de la calle pudiese comprar una lata de cerveza a cualquier hora del día o de la noche? Pues estas máquinas no están escondidas dentro de centros comerciales o tiendas Select, sino están en cualquier calle y cualquier esquina. ¡Y además venden no sólo latas de 355ml, sino también de medio litro, un litro y hasta de dos litros!).

El consumo de cerveza es bastante alto aquí, sobre todo en el caluroso verano que ya se acerca (mientras tanto nos encontramos en una fresca primavera con temperaturas máximas de sólo 30 y 31 grados centígrados...). Muchos hoteles y centros comerciales abren durante el mes de agosto sus Beer Garden (restaurantes centrados en la venta de cerveza, ubicados al aire libre, habitualmente en las azoteas de los edificios) que suelen estar abarrotados... Y quienes no alcanzan a entrar, pues se compran unas cervezas en el minimercado más cercano ¡y a tomárselas al lado del río!



Algo que nunca alcanzaré a comprender es cómo, no importando cuánto alcohol han bebido, todos los japoneses están temprano en sus oficinas al día siguiente como si nada hubiera pasado... ¡sin dolores de cabeza ni aliento chelero! Estoy seguro que tiene mucho que ver con su costumbre de tomarse el baño diario por las noches en lugar de por las mañanas... ¡No hay mejor manera de eliminar las toxinas que con un vivificador baño caliente! Esta es una de las costumbres que me hubiese gustado conocer hace quince años... para no llegar a la universidad con resaca chelera después de las juergas de fin de semana...

¡Disfruten el invierno limeño, mientras yo me tomo unas cervezas al lado del río!

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