martes, agosto 15, 2006

Fugu, o la ruleta rusa japonesa


Pintura representado al Fugu o Pez Globo

Siempre que pienso en reyes o emperadores me viene a la memoria la imagen de Enrique VIII, sentado en su mesa real, acompañado por alguna de sus esposas (que sería decapitada, para no romper la costumbre, a la mañana siguiente), arrancando una pierna de pavo de una mesa rebosante de manjares. ¡Ah, vida de reyes! ¿Existe acaso algún plato que un monarca no pueda costear? ¿Algún manjar al que no pueda hincarle el diente? ¿Alguna delicatessen que esté más allá de sus posibilidades?

Pues en Japón, el Emperador Akihito, cabeza de la casa imperial más antigua del mundo, no puede ni podrá, jamás, saborear un plato del delicado (y mortal) fugu o pez globo. Es que este es el único manjar que le es negado, por decreto real, por su propia seguridad.

La tetrodotoxina, una potente neurotoxina encontrada en el fugu, mil doscientas veces más letal que el cianuro, ataca el sistema nervioso y paraliza todos los músculos, incluídos los pulmones, matando a una persona en un período de cuatro a veinticuatro horas después de consumido, sin que pierda la conciencia. Morir asfixiado y ser conciente de ello debe ser una muerte realmente horrible.


Un plato de sashimi de fugu. Las tiras del pescado son tan delgadas que se puede apreciar el dibujo del plato

No todo el fugu es venenoso. La tetrodotoxina se aloja principalmente en el hígado y los ovarios y, en mucha menor concentración, en los intestinos y la piel, y por ello estos órganos son retirados (por ley) y tratados como desechos tóxicos. Únicamente los chefs con licencia pueden preparar este pez, licencia que se obtiene luego de pasar unos exámenes muy rigurosos que sólo el treinta por ciento de postulantes aprueba.

(En efecto, quien preparó el sushi de fugu que casi envenena a Homero Simpson en la segunda temporada de la serie, era precisamente un aprendiz sin licencia)


Kara-age o fugu frito. ¡Una delicia al ser bañado en un chorro de limón!


Al fondo, trozos de fugu para el shabu-shabu. A la izquierda, una barra de tofu. A la derecha, testículos de fugu

Si no se retiran los órganos contaminados toda la carne del fugu se contamina y tiene potencia suficiente para matar a unas treinta personas. ¡Treinta personas! ¡Santos venenos, Batman! Sin embargo, si esto se hace así, los conocedores opinarán que el plato ha perdido mucho de su sabor y atractivo, y por ello algunos chefs muy expertos contaminarán, a propósito, la carne con un poco del veneno. El sabor se verá así potenciado por una sensación de adormecimiento de los labios y lengua.

A ver, ¿quién se atreve?


Shoji-san y Punlop jugando a la ruleta rusa. ¿A ver, quién prueba primero?


Saravanan fue el primero... ¡diantres, hay que ser valiente!

Un plato de fugu cuesta unos cincuenta dólares, por lo que una cena completa supera normalmente los cien dólares. ¿Si vale la pena pagarlos? En mi caso valieron cada centavo. Y si no por la comida (que estuvo deliciosa), siquiera por la posibilidad de poder decirle al mundo:

Sí, probé fugu, y viví para contarla.

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Sigue la ruta de mis aventuras culinarias en estas islas:
- Desde el beer garden
- Tragedia huevera
- Cenando pasta fría
- ¿La recepción más alta del mundo?
- De parranda a la japonesa
- A falta de anticuchos... ¡buenos son takoyakis!

lunes, agosto 07, 2006

De manuales, procedimientos y otras pepas


Visita a la planta de Konoike de tratamiento de suelos contaminados

Los japoneses son extraordinarios para guiarse por el manual, excelentes seguidores de procedimientos, y trabajadores meticulosos en reproducir objetos idénticos a las muestras. Por ello las famosas normas ISO-9000 están basadas en el concepto de calidad japonés, que más o menos dice que si sigues los pasos al pie de la letra nada puede salir mal (y si algo sale mal, habrá alguien encargado de actualizar el manual y de alcanzarte una copia). Lo malo es que si haces del seguir el manual tu religión, pierdes mucho de creatividad y, muchas veces, sentido común.

En efecto, una diversión típica de extranjeros aburridos en estas islas es la de ir a un McDonald's y pedir una cuarto de libra con queso sin tomate ni ketchup pero con mayonesa y dos lechugas. ¡No hay japonés que no se ponga a temblar anta tamaña afrenta al menú! Y todos, todos sin excepción, llamarán delicadamente al gerente de tienda para preguntarle como manejar la situación...

¿Y qué pasa si el manual no dice claramente qué hacer cuando recibes visitas en un local industrial, y la visita de marras no tiene zapatos adecuados? (¿Se percataron del detalle en la foto previa?)


Subiendo una escalera metálica en la planta industrial... ¡con zapatos de taco!

Pues aparentemente, si el manual no dice nada, el sentido común de ninguno de los ingenieros a cargo del lugar (que, por cierto, nos entregaron a todos unos excelentes cascos para protegernos de accidentes e imprevistos) les dirá que ese es un NO con mayúsculas. ¿Y porqué iría la chica con zapatos de taco? Pues porque la invitación no decía por ningún lugar "no llevar zapatos de taco", y su sentido común (o falta de) no le dijo que ello podía ser peligroso.

Pero no nos las agarremos con las pobres féminas. En una visita a la construcción de la segunda pista de aterrizaje del aeropuerto de Kansai, dos compañeros también prefirieron la comodidad de unos zapatos descubiertos, a la seguridad de unos botines...


Visita técnica al aeropuerto de Kansai


¡Qué comodidad! ¡Qué rico es usar sayonaras cuando hace tanto calor!

En el Perú, por el contrario, hemos optado por una política diametralmente opuesta a la japonesa: no seguimos ningún procedimiento (ni siquiera respetamos los semáforos) pero, ¡hey!, eso sí, somos creativos al máximo. ¿No es acaso habitual que los extranjeros digan de nosotros que somos muy, ejem, originales?

Si tuviesen que contentarse con algún extremo (y no me vengan con eso de que todos los extremos son malos, la regla es que TIENEN que contentarse con un extremo), ¿cuál escogerían? ¿El japonés o el latino?

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¿Quieres conocer más sobre el comportamiento típico japonés? Visita entonces estos posts previos sobre cultura nipona:
- Machismo en el Japón
- ¡Qué bien juegas al béisbol!
- El desorden va por dentro
- ¡Ay, mujeres...!
- En un laboratorio vacío
- La cultura del gambaru

miércoles, agosto 02, 2006

Desde el beer garden


Impresionante vista de la ciudad desde el Beer Garden del Kyoto Holiday Inn

No todo es dolor y sufrimiento en este valle de lágrimas (¿isla de lágrimas?) llamado Japón. De vez en cuando los japoneses también se divierten. Pero en japonés diversión no se escribe con música y baile, sino con comida y bebida. Y si es verano, pues eso significará un peregrinaje al beer garden más cercano.

Los mejores hoteles y centros comerciales de la ciudad habilitan en estos meses del año sus azoteas como restaurantes al aire libre, con distintas ofertas culinarias pero con una sóla constante líquida: cerveza a discreción. No son baratos y tienen límite de tiempo (normalmente unas dos horas) pero, considerando que las fiestas japonesas nunca llegan a las tres horas, los parroquianos se sienten en su salsa...


Listos a hacer valer, al máximo, los 30 dólares del almuerzo


La otra mitad del equipo...

El Kyoto Holiday Inn, elección predilecta de nuestro Sensei en estas ocasiones, ofrece, por módicos 30 dólares por persona, dos horas cerveza libre y toda la carne que puedas cocinar... ¿Recuerdan Lost in Translation? Pues sí, aquí uno paga - y mucho - por cocinarse su propia comida... Pero, ¡hey! ¿acaso hay algo más masculino que arrojar trozos de animales muertos para que se asen al fuego?


Un bufet estilo all-you-can-cook

Me pregunto si sería buena idea abrir alguno de estos beer garden en Lima. ¿Qué opinan? ¿Sería acaso un buen negocio? ¿Se imaginan un almuerzo buffet con cerveza libre en, digamos, la azotea del Marriott?

Bueno, soñar no cuesta nada.

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Cocinando en el Japón, algunas aventuras culinarias previas en estas islas:
- Tragedia huevera
- Cenando pasta fría
- ¿La recepción más alta del mundo?
- De parranda a la japonesa
- A falta de anticuchos... ¡buenos son takoyakis!
- Menú visual
- Ballena