lunes, mayo 29, 2006

El País del Sol Naciente


Mapa de Japón (De la Enciclopedia Universal Libre en Español)

Hablemos un poco de historia.

Hacia el año 607 d.C., el Príncipe Shotoku, sobrino de la Emperatriz Suiko y a la sazón regente del gobierno japonés, envió una misión diplomática a China, país que admiraba y del que buscaba copiar su sistema burocrático, con una carta de saludo que comenzaba:
El Emperador del país en que nace el Sol envía una carta al Emperador del país en que se oculta el Sol. ¿Cómo está usted?
Este saludo trataba de establecer una relación de igualdad entre ambos países en lugar de una de tributación, y a su vez trataba de borrar el nombre con que Japón era conocido en China, Woguo, que significaba "país enano". Japón era el país en que nace el Sol (al este) y China aquel en que se oculta el sol (al oeste), por lo tanto eran igual de importantes.

Japón y China comparten en su escritura unos caracteres (ideogramas) llamados kanjis, que tienen usualmente el mismo significado en ambos idiomas aunque no necesariamente se leen igual. "País en que nace el Sol", que es como describió Shotoku a su imperio, se escribe "日本国" y se lee en japonés "Nippon Koku". Éste es, por lo tanto, el primer registro escrito que se tiene del nombre de Japón (en japonés "Nippon" o "Nihon")

Los kanjis de Nippon, "日本", se leen "Yihpun" o "Xipon" en chino, y ese es el nombre con que escuchó Marco Polo que se referían a aquellas islas más allá del mar chino, cuando inició su famoso viaje por la Ruta de la Seda. Él las llamó "Chipangu" en sus escritos, y el nombre derivó a "Jipan", "Japan" y finalmente "Japón" en español.

Así que allí lo tienen. "Japón" y "País del Sol Naciente" significaban exactamente lo mismo.

¡Ay de nosotros que pensábamos estar usando un término muy fino y poético!

Ahora que alguien me cuente le etimología de "Perú", que he escuchado demasiadas versiones y ya no sé a cual creer.

(¡Servida, Bárbara!)

miércoles, mayo 24, 2006

El placer de la música en vivo


No, ninguno de los dos soy yo. Ambos fueron mis compinches en el Rock Odyssey.

Uno de los (muchos) placeres que puedo darme el gusto de satisfacer por aquí es el de ir a conciertos. Bueno, tampoco es que haya ido a muchos en este par de años, ya que el presupuesto está demasiado ajustado como para poder ir a todos los que quisiera (hace un mes, por ejemplo, los Rolling Stones tocaron en Sapporo con entradas VIP que costaban ¡500 dólares!), pero un conciertito de vez en cuando no mata a nadie, ¿eh?

En el verano del 2004 estuve en el Rock Odyssey, un "festival" que duró dos días (de 11am a 9pm) y que tuvo conciertos de (entre otros) Red Hot Chili Peppers, Lenny Kravitz, Black Eyed Peas, Michelle Branch, Paul Weller, Josh Todd, Aerosmith y The Who. De tanto gritar y cantar quedé afónico durante toda una semana (quedé como las chicas del comercial del Estadio Ajinomoto).


Los boletos del Rock Odyssey. Cada día costó 14,000 yenes, unos 140 dólares.

En el 2005, además de un pequeño concierto de mis amigos de The Magic Grass Band, pude ir al concierto de Sting, quien llegó a Japón en la última etapa de su gira Sacred Love Tour. Quienes me conocen bien saben de la historia de mi viaje a Santiago por un concierto suyo. Podría decirse que aquí batí por diez mi récord de distancia recorrida (16,000km de Lima a Osaka vs. 1,500 de Lima a Santiago).

Y finalmente el lunes pasado fuimos al Osaka Blue Note por un concierto de Chris Botti (extraordinario trompetista jazzero), y ya tenemos los boletos en el bolsillo para ir al de Coldplay en julio. El concierto de U2 se postergó hasta noviembre así que, con un poco de suerte (en realidad con muuuuuucha suerte) conseguiremos entradas para el mismo.

¿Qué conciertos me perdí? De todos los habidos estos dos años a los que no pude ir, quizá en unos años me arrepienta no haber ido a los de R.E.M., Rolling Stones y Franz Ferdinand.

La música es uno de mis tres vicios eternos (los otros dos son la lectura y las buenas películas), y el poder escuchar a mis bandas favoritas en vivo es quizá lo que más extrañaré al regresar al Perú. Si Ollanta o Alan me dejan, claro...

Y ustedes, ¿tienen acaso algún vicio que quieran compartir?

domingo, mayo 21, 2006

Desde Demachiyanagi hasta Kawabatamarutamachi



Mi llegada a Japón estuvo fría y calculadamente programada por los responsables del Ministerio de Educación (Monbukagakusho). Unos voluntarios nos esperaban a mí y a una veintena de becarios en el hall principal del aeropuerto de Kansai, nos entregaron un sobre con algunos yenes para sobrevivir los primeros días, nos alojaron en el hotel del aeropuerto mientras esperábamos que llegasen todos, y finalmente nos enviaron a Kioto en la mañana siguiente en un bus especial. Al llegar a Kioto, otros voluntarios nos esperaban para acompañarnos hasta nuestras residencias (tres o cuatro lugares distintos) y nos entregaron unos sobres con la información de lo que deberíamos hacer los primeros días. Todo lo que se podría esperar de Japón (y más): perfecta programación al milímetro.

En la mañana siguiente, sin embargo, ya no teníamos a nadie que nos guíe por la ciudad, así que nos aventuramos por las calles sin más dirección que un "la universidad está al sur, tomen el tren hasta Demachiyanagi y de allí siguen a la izquierda unas cuantas cuadras..." ¿Demachi-qué? ¿Perdón? Ni modo, había que lanzarse a la piscina... Al tren subí y descubrí que los nombres de las calles y estaciones no tenían ningún sentido para mí... ¿Shugakuin? ¿Ichijoji? ¿Chayama? ¿Demachiyanagi? ¡Qué nombres tan feos! Pero lo más interesante fue descubrir que podía leerlos ya que estaban escritos en romaji (alfabeto occidental). ¿No que los japoneses escribían sólo en con esos garabatos extraños llamados kanjis?

Es cierto, la escritura japonesa se basa en kanjis, no en caracteres occidentales, y hasta hace unos 10-15 años todos los textos, anuncios, etiquetas y letreros se encontraban escritos con ellos, siendo completamente indescifrables para los extranjeros (no son pocas las anécdotas de gente comprando latas de comida para gato pensando que eran simples atunes). Pero desde que se le dió cierto impulso a convertir éste en un país turista-friendly, es mucho más fácil no equivocarse ni perderse. Claro, no esperen poder conversar en español con el dependiente de la estación de trenes (ni siquiera en inglés), pero por lo menos tendrán un gran cartel con el nombre de las estaciones en inglés, señalizaciones en ese idioma para llegar a nuestro andén, y oirán una melodiosa voz pregrabada (adivinen en qué idioma) indicándonos que hemos llegado a nuestro destino.

Claro que aún así los nombres de las calles segurán sin tener sentido (¿a ver quién puede repetir sin enredarse "Kawabatamarutamachi"?), pero por lo menos los podrán anotar en un papelito para compararlos con los letreros que encuentren por las calles.

¡Qué suerte que no llegué aquí 15 años antes! (Y qué suerte que mi madre me obligó a aprender ínglich cuando era pequeño...)

Niños, ya lo saben, tomen toda su sopa, coman sus verduras, hagan sus tareas temprano y aprendan inglés si quieren visitar el país de Pokémon, Sailor Moon, Dragon Ball y Evengelion.

viernes, mayo 19, 2006

Cenando pasta fría



Si al encontrarnos un día cualquiera hace un par de años me hubieses contado que habías cenado pasta fría y pescado crudo la noche anterior, una lágrima hubiese recorrido mi mejilla mientras, tomando la billetera, te extendía un billete de 100 soles prestados "hasta que tu situación mejore".

Si me cuentas lo mismo hoy día, te insulto por no haberme invitado.

Hace una semana tuvimos una comilona de zaru-soba y maki-sushi en casa, en una cena en que tuvimos de invitadas a Jarumi y Hermelinda, las dos nuevas latinas en Kioto. El soba es una pasta oscura preparada con una mezcla de harina de trigo y de alforfón, sumamente apreciado en la cocina japonesa. Se suele servir frío en el verano sobre unas canastillas de bambú llamadas zaru (de allí el nombre, zaru-soba) y al momento de comerlo se sumerge momentáneamente en una salsa a base de sillao llamada tsuyu. Cuando el calor apremia, el soba cede su trono al somen que es servido a veces en un zaru con hielo, y en otras simplemente se deja discurrir por unas canaletas de bambú con agua fría para que los comensales los pesquen con sus palillos cuando pasan frente a ellos.

Los maki-sushi, los famosos sushis enrollados (quien no haya probado los California Roll que tire la primera piedra), son quizá los más conocidos de los bocadillos nipones y pueden tener, literalmente, el relleno que se te antoje. Los maki-sushi también se sirven fríos y se sumerjen en una salsa de sillao mezclada con un punto de wasabi. ¡Yummi!

Debo admitirlo, los platos fríos (acompañados de té verde frío o de sake helado) son de lo mejor que he probado en estas islas. Tan recomendados durante el verano, como un buen ceviche con su botella de cerveza o Inca Kola en Lima.



Así que ya lo saben, si algún amigo los invita a cenar pasta fría y pescado crudo, pregúntenle antes si la invitación pasa por un restaurante japonés. Si es así, ¡acepten sin chistar!

(¡Y bienvenidas nuevamente a estas islas, Jarumi y Hermelinda! Espero que se diviertan estos próximos años tanto como yo...)

lunes, mayo 08, 2006

¡Qué bien juegas al béisbol!



Hace un par de semanas tuve en mis manos, por vez primera, un guante de béisbol. Los había visto en televisión, en todas esas películas gringas de domingo por la tarde, en dibujos animados y hasta en algunas historietas, pero nunca había tenido uno en mis manos. Cada año tenemos un campeonato de béisbol inter-laboratorios y, luego de escaparme por dos años seguidos, no pude seguir excusándome en mi torpeza deportiva y tuve que aceptar ser parte del equipo.

Así que desde hace unas semanas estamos entrenando en un campo cercano a la Universidad.

El jueguito no es nada fácil, ya que tienes que atinarle a una pelotita que viaja a velocidades hipersónicas con un palito de madera (el bate), para luego tener que recibirla en tu mano izquierda (la mala) con un guante de cuero que multiplica el área de tu mano unas seis u ocho veces (pero que también aumenta su peso y reubica su centro de gravedad).

La primera semana tuvimos práctica de catch-ball, es decir, simplemente pasarnos la pelota entre nosotros tratando de evitar que caiga al suelo, cosa que un neófito como yo no podía evitar por más esfuerzo puesto.

Al terminar el entrenamiento llegó el esperado "Giancarlo-san, ¡qué bien juegas al béisbol!", que yo humildemente rechacé con un "¡No, no, no, no...! Soy muy malo..." - "No, Giancarlo-san, eres muy bueno" - "Gracias pero no. Soy muy malo en cualquier deporte".

Esta vez no me dejé engañar.

Hace dos años, luego de mis primeras dos semanas de clases de japonés (¡malditos hiraganas y katakanas!) tuve mi primera fiesta del laboratorio en la que hube de presentarme a mis nuevos compañeros. Como cualquier recién llegado, aproveché la ocasión para sacarle lustre a las cuatro palabras de japonés que había aprendido... "Buenas noches. Yo soy Giancarlo. Yo soy peruano. Perú y Japón están muy lejos. Me gusta leer libros. Me gusta ver películas. Me gusta escuchar música".

Terminada la fiesta, uno de los profesores se me acerca y me dice "Giancarlo-san, ¡qué bueno es tu japonés!" Inocente yo, le agradecí. "¿En serio profesor? ¡Gracias! No sé muchas palabras, usé todas las que sabía, pero creo que la pronunciación me es fácil ya que el español y el japonés comparten muchos sonidos y bla, bla, bla..."

NO, NO y NO. Escuchen bien, NUNCA hagan eso. Los japoneses gustan de alabarse entre todos y a todos, y nunca te van a decir lo malo que eres. SIEMPRE te dirán lo bien que has hecho algo, y se supone que tú tienes que NEGARLO. Es parte del lubricante social local.

Lo mismo pasa al pagar la cuenta. Por ejemplo, si quieres invitarle a alguien la cena, lo más probable es que la otra persona quiera pagar su parte. "Yo invito" - "No, déjame pagar mi parte" - "No te preocupes, quiero invitarte" - "No gracias", etc, etc. El proceso se debe repetir unas tres veces mientras el invitado hace el ademán de sacar la cartera o billetera, y es recién entonces adecuado que desista con un "Ok, muchas gracias Giancarlo-san".

Sí, en algún lugar debe haber un manual de Carreño-san sobre normas de cortesía japonesa para extranjeros. ¡Ser amable puede ser muy difícil aquí!

Así que están advertidos: no caigan como primerizos, y sepan que las alabanzas no necesariamente son ciertas. ¡Es muy probable que sean usadas para hacerte sentir mejor!

Me pregunto si mis amigos extranjeros con novias japonesas estarán enterados...