martes, febrero 28, 2006

¿La recepción más alta del mundo?



Para quienes recién nos sintonizan, ésta es la segunda parte del post "Boda a la japonesa" que sugiero leer antres de continuar.

Boda: (Del latín vota, plural de votum, voto, promesa). 1. s., f. Dícese de aquella ceremonia en que todas las mujeres suelen soñarse vestidas de blanco desde que tienen uso de razón. //2. s., f. Llámase así al evento que marca el inicio de los votos matrimoniales, y en que los padres de los novios suelen gastar la mitad de sus ahorros de jubilación.

Terminada la ceremonia matrimonial fuimos invitados a los salones del hotel para la Recepción, ¡en el último piso del edificio más alto de Japón! Subir 70 pisos en menos de 30 segundos (a 750 metros/segundo, el ascensor de este edificio rompió hace años el récord mundial de velocidad) es una experiencia única, pero que estoy seguro es parte del paquete. Después de todo, si pagas dos millones de yenes (veinte mil dólares) por una Recepción para apenas 80 personas, esperas que la experiencia sea realmente excepcional, ¿no?

Las puertas del ascensor se abrieron y nos vimos en un pequeño hall con una mesa al centro, dos personas detrás, y dos filas de invitados que iban anotando sus nombres en los cuadernos de recuerdo, a la vez que entregaban sus sobres con el obsequio monetario a los novios (oiwaikin). Todos, sin excepción, entregaron sus sobres en este momento, y todos, también sin excepción, recibieron tarjetas con sus nombres y mesas. ¡Daba la impresión que si no habías traído oiwaikin, no te iban a dejar entrar al comedor!

Fuimos conducidos a una pequeña sala de espera con una vista espectacular de la ciudad (recuerden, estábamos en el edificio más alto de Japón) donde esperamos unos 30 minutos entre vasos de whisky, cerveza, gaseosas y té, antes de ser invitados al comedor. Estos minutos sirvieron para leer una de las tarjetas entregadas (en inglés para nosotros) en que los novios contaban su historia de amor, así como otra en que teníamos un diagrama con la disposición de mesas e invitados, ¡mencionando no sólo el nombre sino el cargo de cada uno! (Como dirían mis amigos argentinos, ¡plop y replop!).

Una vez sentados todos en nuestros sitios, comenzó el "show". Un video en pantalla gigante contaba la historia de los novios (dónde nacieron, qué estudiaron, cómo se conocieron, etc.), preparándonos para su aparición triunfal, que finalmente hicieron entre aplausos, flashes, y música incidental - ¡que vivan los novios!

Y comenzaron los discursos... La mesa de honor, al lado de los novios, estaba ocupada por los jefes de los novios, mientras que la de los padres era la más lejana... ¡Tanto pagar para ser relegado a la mesa más apartada! El vicepresidente de la compañía en que trabaja el novio dió el primer discurso, y el presidente de la compañía de la novia dió el segundo. Increíble el orden de prioridades...

Luego los novios cortaron el pastel... de fresas y crema chantillí, ¡y se dió inicio a la cena!



Ocho extraordinarios platos dignos de aparecer en la portada de una revista gourmet, y bebidas a discreción, mientras amigos de los novios daban sendos dircusos, y algunas sorpresillas (que nunca he visto en Latinoamérica)


Las porristas amigas de la novia compartieron agunas de sus anécdotas a lo largo de tantos años de compartir aventuras con su líder... Sí, ¡la novia fue líder de porristas!


Los amigos del novio prepararon un baile muy gracioso, con todo y subtítulos en japonés (ver la tira de papel detrás de ellos). Después de todo, ¿qué no hacer por quien fuese el capitán del equipo de béisbol?...


Una amiga común les regaló un baile flamenco (Es increíble el número de personas que gustan del flamenco por aquí)...

Los novios se retiraron unos minutos para darle tiempo a la novia a cambiarse de vestido. Ésta es una costumbre típica de esta fecha, y he escuchado de casos en que la novia se cambia no una sino dos, tres y más veces aún. Regresando al comedor trajeron una pequeña antorcha con la que encendieron una vela en cada mesa.



Luego un breve discurso de la novia agradeciendo a sus padres por haberla cuidado hasta la fecha (muy emocionada, no dejaba de llorar mientras leía), y luego uno del padre del novio, imagino que instruyéndola a ser buena esposa de su hijo. Unas palabras finales del novio, agradeciendo a todos su presencia "a pesar que sabía que todos estaban ocupados y su tiempo era importante", antes de dar paso a la entrega de regalos y al besamanos final. ¿Entrega de regalos? Si, ahora de los novios a los invitados por haberles regalado horas valiosas de su tiempo.

¿Y el baile? - ¿Qué baile? Los japoneses no bailan... Tres horas después de iniciada la recepción, ésta llegaba a su final. Bebida, comida, discursos y ausencia de baile... ¡una fiesta típica japonesa!

Ésta fue una experiencia realmente única. Cada país y cultura tiene sus propias tradiciones para celebrar acontecimientos importantes como el matrimonio, y en Latinoamérica no podríamos pasarla sin baile y sin que la novia arroje el bouquet a las solteras... ¿De qué no podrías prescindir tú el día de tu boda?



Una vez más, mis mejores deseos de éxito y felicidad a la recién formada familia. Que disfruten al máximo de su unión que es fruto, no me cabe la menor duda, del profundo amor que sienten el uno por el otro.

¡Muchas felicidades a los novios!

viernes, febrero 24, 2006

Boda a la japonesa



¡Ah, parejas! Siempre llega el momento aquel en que las mujeres no confían más en la palabra del hombre, y exigen un documento en el que quede registrado por escrito aquel juramento de amor eterno que por lo menos una vez por semana nos obligan a rehacer en voz alta: "Si mi amor, yo te amo".

El fin de semana pasado un buen amigo japonés, excompañero de laboratorio, hubo de cumplir con aquel requisito y se casó con su bella novia de seis años en una íntima ceremonia en Yokohama. Íntima, digo, si la comparamos a las ceremonias limeñas a las que entre parientes, vecinos, amigos de la infancia, amigos del colegio, amigos de la universidad, compañeros de trabajo, testigos, amigos de los padres, personas importantes, visitantes, colones, colados y demás, el número nunca baja de 300 ó 400 personas. En esta ceremonia, por el contrario, no fuimos más de 80 asistentes entre parientes del novio, de la novia, amigos, compañeros de trabajo y demás, lo que le daba un toque muy privado a la ceremonia.

Ésta se realizó en la capilla de uno de los hoteles más exclusivos de Japón, una moderna, simpática y muy acogedora capilla, con bancas acolchadas y calefacción, pero sin tablillas para arrodillarse ni las catorce Estaciones del Vía Crucis que normalmente adornan las paredes de toda iglesia. Por todo coro una japonesa de muy buena voz y vestida de monaguillo y todos los presentes, a quienes nos entregaron el "programa de ceremonia" con las canciones a cantar. Este programa incluía también la lectura bíblica de ocasión: Corintios I, 13:4-8.

Mi amigo no es cristiano, pero entiendo que las ceremonias cristianas están de moda por aquí gracias a Hollywood. ¡Todas las novias quieren casarse de blanco frente a un cura que pronuncie las palabras mágicas: "los declaro marido y mujer, puede usted besar a la novia..."! Los hoteles importantes tienen todos una pequeña capilla para aprovecharse de esto, muchos centros comerciales también (si, leyeron bien, centros comerciales) e inclusive Tokio Disneylandia ofrece paquetes especiales para casarte teniendo a Mickey y Minnie como testigos...

Todos hacen un buen negocio con los matrimonios cristianos. Todos, excepto la Iglesia. Pues claro, piénsenlo bien, ¿permitiría alguna Iglesia Cristiana (sea ésta Católica, Protestante, Anglicana o cualquier otra) realizar en uno de sus templos esta ceremonia sacramental, a parejas que no son cristianas? ¡Pues claro que no! ¿De dónde salió el sacerdote oficiador entonces? ¿Aquel el de la foto? La respuesta está en la sección de económicos de revistas para extranjeros...



Pues si. Esta ceremonia "cristiana" no fue más que actuación para los amigos. La verdadera ceremonia, privada y con acceso de sólo la familia celular, se realizó antes de esta otra, siguiendo los rituales sintoístas tradicionales. La ceremonia con el "sacerdote" extranjero en aquella "capilla" tan cómoda no fue sino una simpática representación. ¡Diantres! Admito que me engañaron por un momento. ¡La capilla no era sino un lindo teatro! Debí darme cuenta precisamente por la falta de las tablillas para arrodillarse y de las 14 Estaciones...

La ceremonia no faltó el respeto al sacramento cristiano. Usó parte de su simbología, es cierto, pero no se burló de él. Aunque entiendo que muchos cristianos se hubiesen sentido terriblemente ofendidos, yo no, lo siento. El supuesto Padre nunca tomó el pan ni el cáliz ni hizo el ademán de dirigirse a Dios, y sólo dirigió una bonita representación. Además, ¿acaso nos sentimos ofendidos con las ceremonias que Hollywood realiza para sus bodas de película? Si no nos quejamos públicamente cuando Joey casó a Mónica y Chandler en Friends, ¿porqué habríamos de hacerlo aquí? Y si en Lima se ha puesto de moda ofrecer sushi en la recepción posterior a la boda, ¿por qué los creadores de aquel manjar no podrían usar parte de nuestras ceremonias para darles más caché a las suyas?

Como sea, ceremonia pseudocristiana o no, mis mejores deseos a la pareja de que todas sus metas, deseos y sueños se cumplan. Que la vida les sonría y que coman perdices. Y que disfruten la vida al máximo, que ésta es una sóla.

¡Felicidades, mis amigos!

martes, febrero 14, 2006

Santa Valentina



En (casi) todo el mundo occidental celebramos hoy el día de San Valentín, recordando a un supuesto sacerdote de la antigua Roma ejecutado este día al haberse negado a renunciar al catolicismo y al haber continuado casando a parejas en secreto a pesar de la prohibición del emperador Claudio II. En efecto, la Iglesia Católica celebró este día hasta el año de 1969, cuando decidió eliminar la festividad del calendario eclesiástico.

Mucho antes de la supuesta muerte de San Valentín, sin embargo, cada 15 de febrero se celebraba la Lupercalia en honor al dios romano de la fertilidad, Fauno Luperco, por lo que el mito de San Valentín es considerado un intento de la Iglesia por transformar una festividad pagana en católica sin alterar en demasía las costumbres del pueblo. Más o menos lo mismo que pasó en el Perú cuando la Iglesia comenzó a instalar grandes cruces en la cima de montes reverenciados por los quechuas, ya que se dieron cuenta que los antiguos pobladores del incanato no los iban a dejar de adorar.

Es recién durante el siglo XIX que el día se transforma en Estados Unidos en uno de obsequios a la pareja (los famosos “Valentines”), costumbre que es exportada al mundo hispánico a mediados del siglo XX para incentivar la compra de regalos por parte de las parejas enamoradas.

En 1936, hace 70 años hoy, una compañía japonesa fabricante de chocolates premium, Morozoff, importó a estas islas la costumbre de obsequiar dulces a los novios en esta fecha, y ésta fue abrazada alegremente por la juventud nipona con una ligera diferencia: aquí son sólo las mujeres quienes obsequian chocolates a los hombres. En efecto, todas las tiendas y centros comerciales han estado desde hace un mes atiborrados de par en par de chocolates de las más diversas formas, colores y sabores, dispuestos a tentar a todas aquellas que tienen que comprar diez, quince o más cajas de chocolates para regalar en esta fecha. Y no, no hablo de promiscuidad chocolatera, sino de giri-choco...

Es que en Japón las mujeres obsequian chocolates a sus compañeros de trabajo, a sus jefes, amigos, hermanos, padres y, por supuesto a sus novios. ¡Un mar de chocolate! Las cajas entregadas a aquellos por quienes ellas no sienten un amor especial son llamadas giri-choco, que quiere decir “chocolate de compromiso”, y las mujeres procuran obsequiarles a todos los hombres a su alrededor ya que aquellos que no reciben uno durante este día se sienten frustrados. Los chocolates obsequiados a aquellos por quienes ellas sienten un cariño especial se llaman honmei-choco, o “chocolate para el favorito”, y suelen ser hechos a mano o provenir de una marca muy famosa (como Godiva), y usualmente vienen acompañados de una corbata o algún otro regalo adicional. Es por supuesto considerado muy afortunado recibir un honmei-choco.

Si... aquí San Valentín nació mujer...

Sin embargo, en 1965, un fabricante de marshmallows, ansioso de aumentar sus ventas y conocedor del sentimiento de deuda y compromiso japonés, inició la costumbre del White Day (14 de marzo) como ocasión para que quienes recibieron un giri-choco en San Valentín puedan devolver el favor exactamente un mes después. Las empresas chocolateras se sumaron al negocio y ahora ofrecen chocolates especiales para esta fecha que suelen ser más grandes y caros que los de San Valentín, y vienen envueltos usualmente en papel blanco.

En caso hayas sido tan afortunado de recibir un honmei-choco un mes antes, deberás más bien considerar no sólo la compra de una caja de chocolates, sino también romper tu alcancía para invitar a la chica a una cena costosa en un buen restaurante...

¡Ah! Los japoneses y su manía de transformarlo todo en un negocio.

Y todo, por un santo que no existió...

¡Feliz San Valentín!

miércoles, febrero 08, 2006

De matrimonio, dinero y otras pepas…



Hace unos meses un buen amigo japonés, egresado el año pasado de mi laboratorio y pronto a ser enviado en un tour-de-force a Arabia Saudita por la compañía en la que ahora trabaja, recibió de su novia aquel ultimátum que los hombres tanto tememos: “¿y? ¿te vas a casar conmigo o aquí terminamos?”

Ambos tienen menos de veintiséis años pero son novios desde hace unos seis. Ya lo saben, pasaron hace poco del “aniversario de luna” al “aniversario de nube” y, estando camino al aniversario de garúa, el pressing se hizo notar. Además los 25 años son considerados aquí la edad matrimonial por excelencia para las mujeres, así que la presión venía por todos lados (ya lo había predicho el buen Pascal).

Así que, sin mucho tiempo por delante ya que el boleto al país de los camellos está fechado para agosto, programaron su matrimonio para el próximo domingo 19, justo el fin de semana posterior a San Valentín… ¡Qué romántico!

Un amigo malasio y yo fuimos invitados a la ceremonia, ¡nuestro primer matrimonio japonés!, así que aceptamos la invitación sin chistar. Sin chistar y sin contar con las costumbres japonesas. Pero, ¡hey!, todos los días se aprende algo, ¿no?

Luego de aceptar, el novio nos preguntó si nos quedaríamos a pasar la noche en esa ciudad, luego de la recepción. “No se preocupen, yo invito”. Nosotros, occidentales, cautos, y sin ganas de ocasionarle un gasto extra a nuestro amigo, decidimos que no. Viajaríamos en un bus nocturno, nos lavaríamos la cara en el Terminal de buses, asistiríamos a la ceremonia, y regresaríamos a Kyoto esa misma noche en otro bus nocturno. “No se preocupen, es tradición japonesa”, nos repetía él. Pero nosotros, tercos como sólo los extranjeros somos capaces aquí, nos negamos tres veces (como Pedro). Y la cosa quedó allí.

Allí, hasta que hace una semana recibimos la invitación formal… ¡acompañada de boletos de tren bala! (y de un mensaje que repetía “no se preocupen por eso, que es tradición japonesa”).

Preocupados por esto de “tradición japonesa” decidimos investigar. Y resulta que…

Efectivamente, cuando eres invitado a una boda en una ciudad alejada de la tuya, el novio pagará los gastos que te ocasionará el asistir (i.e., pasajes y estadía). Los pasajes son normalmente en tren bala (que es la manera más cómoda de viajar) y la estadía en un hotel cercano al lugar de la recepción. Pero…

Esta misma tradición japonesa indica que el regalo a los novios deberá ser en dinero rabioso, adecuadamente oculto dentro de un sobre especial (en Japón el dinero es considerado “sucio” así que todos le alcanzan el dinero a los demás dentro de un sobre), por un monto igual o superior al que han gastado por ti en la boda. Así que ahora mi amigo malasio y yo deberemos obsequiarles a los novios como regalo de bodas “un sobre” con por lo menos cien o ciento cincuenta dólares en él (el costo del boleto).

Esto de no conocer todas las tradiciones del país que te cobija puede resultar realmente costoso…

viernes, febrero 03, 2006

¡Buena suerte! (con un Kit Kat)



Si le preguntas a quemarropa a un japonés si es supersticioso te responderá que no. Si le cuentas que a ti no te gustan los gatos negros, que llevas siempre contigo una pata de conejo para atraer la buena suerte, que por el contrario tirar sal o romper un espejo te traerá mala suerte, que tomas doble precaución si tienes que salir de tu casa un martes trece, y que nunca, jamás, intentarías pasar bajo una escalera, pues entonces se reirá de ti por creer en esas tonterías que no tienen el más mínimo sustento científico.

Sin embargo, este mismo japonés no osaría comprar un juego de cuatro copas, no clavaría los palillos en el arroz, escondería los pulgares al paso de una comitiva fúnebre y de ninguna manera dormiría con la cabeza hacia el norte...

¡Bienvenidos al país de las mil supersticiones! (y de los ciento veinticinco millones de personas que creen no ser supersticiosas...)

En Japón nos encontraremos con todo tipo de supersticiones, justo como en botica. Y todas ellas han formado parte del imaginario local por tanto tiempo, que nadie las considera supersticiones.

La más importante quizá tiene que ver con los números 4 y 9. Una de las formas de leer 4, shi, significa también "muerte", y 9, ku, también quiere decir "pena" o "sufrimiento". Así que nunca encontrarán aquí esos juegos de vajilla de recién casados que venden en Ripley que tienen 4 juegos de platos hondos, tendidos, tazas, etc., y probablemente se sorprendan de no encontrar pisos 4 ni 9 en algunos hospitales. Por cierto, si caes enfermo, asegúrate que tu habitación no tenga los números 42 ni 24, ya que shi-ni quiere decir "morir" y ni-shi "doble muerte". Luego de que me explicaron esto, entendí porqué el dependiente de la tienda puso cara de sorpresa cuando intenté comprar precisamente cuatro platos, cuatro tenedores, cuatro cucharas, cuatro vasos...

Pero evitar el número cuatro no es la única superstición relacionada con la muerte. Por ejemplo las personas evitan dormir con la cabeza al norte, ya que esta es la manera en que las tumbas están dispuestas. Si una carroza fúnebre pasa frente a tí, haz puños y esconde en ellos tus pulgares. No te cortes las uñas de noche, o no estarás al lado de tus padres cuando ellos mueran. Al comer deberás evitar clavar tus palillos en el plato de arroz mientras haces una pausa al comer: esa es precisamente la forma en que se honra a los muertos. Tampoco podrás alcanzarle comida a nadie "de palillo a palillo", ya que esa es la forma en que se manipulan los restos óseos luego de una cremación. Lo que si está permitido es atrapar moscas con los palillos como hizo Miyagi-san en Karate Kid (aunque no conozco a nadie que lo haya logrado). Y por supuesto, si intentan hacerlo, laven los palillos antes de comer...

Una pregunta usada muchas veces para romper el hielo en una reunión (y que nosotros creeríamos que sólo podrían hacérnosla en Transilvania) es "¿cuál es tu tipo de sangre?". No hace mucho, en 1927, un psicólogo japonés dijo que "cada parte de tí, tu nariz, ojos, cabello, cerebro, tiene el mismo tipo de sangre, así que es natural que tus emociones y pensamientos se vean también influenciados". Así que luego de un paciente estudio, concluyó que una persona con sangre tipo A será diligente y metódico pero nervioso; el tipo B marcará a las personas originales pero inconstantes; una persona AB será social y sensitiva; y una persona con sangre tipo O será definitivamente una persona resuelta. Este concepto está tan arraigado en Japón, que inclusive los personajes de algunos animes como Sailor Moon tienen un tipo de sangre específico y acorde con sus características.

Antes de usar el calendario Gregoriano, los japoneses usaban uno acorde con las fases de la luna. Este calendario, llamado rokuyo, tenía semanas de sólo seis días, y cada uno poseía características que lo hacían de buena o mala suerte. Las parejas, por ejemplo, evitabann casarse en días Butsumetsu ya que son de muy mala suerte, y las empresas procuran lanzar sus productos nuevos en días Taian, ya que son de muy buen augurio. Un estudio científico realizado por la Universidad de Kyoto reveló que el hospital universitario había gastado 7.4 millones de yenes de más (unos 74,000 dólares) debido a la negativa de muchos pacientes de ser dados de alta en un Butsumetsu.

Y así como éstas hay cientos y cientos de pequeñas supersticiones en estas islas. Muchas de ellas, a mi entender, promovidas por los sacerdotes budistas y sintoístas cuyos templos generan pingües ganancias por la venta de omamoris, o amuletos, los mismos que, por cierto, sólo valen durante un año, luego del cual debes deshacerte de los mismos en una ceremonia especial en Setsubun para luego, ¡por supuesto! tener que reemplazarlos comprando amuletos nuevos...



Las nuevas generaciones no se quedan atrás y han transformado al popular Kit Kat en un amuleto de buena suerte. Kit Kat suena parecido a kitto katsu que significa "¡definitivamente vencerás!", así que es considerado de buena suerte que te regalen por lo menos uno antes de un examen muy importante.

En fin, allá los japoneses con sus costumbres. Cada uno es libre de creer en lo que quiera, ¿no? Lo que es yo, pues no soy supersticioso ya que es bien sabido que eso trae mala suerte...